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La fantasía que llegó de India

La fantasía que llegó de India

(La señora Rivière, detalle, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1805. Óleo sobre lienzo, 116,5 x 81,7 cm. París, Musée du Louvre)

Basta un poco de atención para descubrir la singular presencia de cierto complemento femenino en los retratos de Ingres: las pashminas. Con motivo de la exposición que el Museo del Prado exhibe sobre el maestro francés -del 24 de noviembre de 2015 al 27 de marzo de 2016- hemos creado una exclusiva pashmina, inspirada en las que contemplamos en retratos tan icónicos como los de La señora Rivière o La señora de Senonnes, presentes en la exposición.

Tras lo que podría no ser más que una bella anécdota se esconde un guiño a los conocedores de la historia de Francia y, más aún, una manera de entender el arte y la mujer.

(La señora de Senonnes, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1814. Óleo sobre lienzo, 106 x 84 cm. Nantes, Musée des Beaux-Arts)

Las pashminas que vemos en los retratos de Ingres reflejan ese mundo de lujo y confort característico del universo napoleónico, dominado por unas clases altas deseosas de exhibir la última moda o cualquier detalle que remitiese a esa idea imperial de lujo y fantasía. Un fenómeno que dará lugar a una realidad en la que muchos expertos en moda sitúan como el origen de la alta costura. Este código social, en Ingres, brilla con más fuerza aún gracias a su maestría en la representación de los tejidos, adquirida en sus constantes visitas al Museo Napoleón, donde estudió a fondo la producción de los primitivos flamencos.

(Pashmina Ingres. Tienda Prado)

Lucir una pashmina en una pintura de Ingres, además, lanza un mensaje de poder e independencia: no debemos olvidar que en 1806 quedó proscrita en Francia la importación de pashminas orientales, una medida proteccionista para promocionar el textil nacional. En la era imperial, todo lo suntuario está perfectamente normativizado: la mujer que se exhibe con un chal de importación está por encima de la ley. Sus decisiones no siguen los parámetros del común de los mortales.

(La señora Rivière, Jean-Auguste-Dominique Ingres, 1805. Óleo sobre lienzo, 116,5 x 81,7 cm. París, Musée du Louvre)

La Pashmina Ingres del Museo del Prado está tejida con hilo 100% cachemir procedente de las regiones de Ladhakh y Leh, en Cachemira. Allí, a una altitud entre los 3.000 y los 4.000 metros, vive la cabra hircus, soportando temperaturas de hasta 40 grados bajo cero gracias a la lana que la protege. Esa misma lana, tras un delicado proceso de tejido realizado a mano por artesanos, se convierte en el preciado cachemir, uno de los materiales textiles más valorados y deseados a lo largo de los siglos, ese que atesoraban las clases altas de la Francia imperial y aún hoy nos fascina. Con una materia prima tan exquisita y la sabia producción textil de India llega a nuestras manos este delicado complemento, como homenaje al pintor francés.

(Un momento del proceso manual de tejido de las pashminas. © Pashmina Golden)

Pero las pashminas que vemos en los retratos firmados por Ingres no sólo nos hablan de la historia de Francia. Más allá de las connotaciones de poder y suntuosidad que los chales imprimen en las retratadas, el pintor encuentra en ellos un recurso ideal para recrearse en su concepción de la curva como quintaesencia de la mujer: todo lo femenino tiene forma de círculo para Ingres. Así lo vemos claramente en La señora Rivière, su primer gran modelo formal de retrato, donde ella misma dibuja una sinuosa curva rodeada de auténticas serpentinas: el velo, el vestido -que traza una línea distinta a la de su propio cuerpo- y, más aún, esa pashmina que se enrosca en cuerpo y brazo. Una fantasía desbordada de formas circulares que nos ha inspirado en el Museo del Prado para recuperar un modelo original del siglo XIX, convertido en un complemento que no entiende de épocas.

(Pashmina Ingres. Tienda Prado)

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